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Descubre los 8 secretos de los niños felices

Si nos detenemos a pensar en qué preocupa a los padres respecto a la educación de sus hijos, existen multitud de posibilidades: Preocupa que un niño coma o no coma “bien”; que saque buenas notas en el colegio; que haga los deberes; es motivo de inquietud especialmente el hecho de que llegue a la siguiente etapa educativa: Primero que pase de bebé a niño pequeño; después que vaya al cole; luego al instituto; y finalmente a la universidad; que consiga un buen trabajo, ¡cómo no! EL ÉXITO PROFESIONAL; que encuentre una buena pareja; que se case; que se compre una casa y que tenga sus respectivos hijos. ¿Es esto lo que nos preocupa respecto a los pequeños?

Muchos niños apenas acaban de llegar al mundo y ya tienen toda la vida programada.

Cuando pensamos en educación, pensamos en escuelas, clases extraescolares, refuerzo en inglés, música y manualidades los fines de semana. Pero pocas veces pensamos en educar niños felices. ¿Cuántos minutos al día pensamos en qué hace feliz a nuestros niños? Y lo más importante: ¿Cuántos dedicamos, simplemente,a hacer a los pequeños felices?

No te preocupes, no pretendo que te sientas mal, ¡al contrario! Es muy probable que ayudes a tu hijo a ser feliz mucho más a menudo de lo que crees, y ni siquiera lo sepas. También es probable que algún pequeño detalle se te haya pasado por alto. Por eso voy a darte algunas claves para conseguir que tus peques sean felices. ¿Hay algo más importante?

1. Juegan libres, sin reglas

Creo que no podía empezar por algo más simple de llevar a cabo. Apaga la tele, la play station, la tablet y todos los juguetes que “jueguen solos”. Y lo más importante, haz un hueco en su agenda para que pueda jugar libremente. Permítele que deje volar su imaginación, como hicimos todos los niños de nuestra generación. QUE INVENTE juegos, juguetes, mundos imaginarios… El juego es un derecho fundamental del niño y también un deber. Algo que no cuesta nada y que le hace tremendamente feliz. Y, por supuesto, mucho más, si es en tu compañía.

2. Poseen un alto grado de autonomía

Un niño dependiente, difícilmente será un niño feliz, y también tiene menos posibilidades de convertirse en un adulto que lo sea el día de mañana. Trata de favorecer que tu hijo alcance un grado de autonomía acorde a su edad. Ésta será la base de su autoestima, clave para ser feliz. Si necesitas indicaciones más específicas y/o una tabla más detallada, aquí tienes toda la información. Permítele avanzar hasta conseguir hacer las cosas por sí mismo. Todos nos hemos equivocado en el camino, ¡nadie nace aprendido! Ármate de paciencia, ¡y a por ello!

3. Toman decisiones

Los niños son dirigidos la mayor parte del tiempo. Apenas tienen influencia sobre lo que hacen o lo que ocurre a su alrededor. Piensa en cómo te sentirías tú si no tuvieras poder de decisión sobre nada de lo que sucede en tu día a día. ¿Te sentirías realizado? ¿Estarías satisfecho contigo mismo? ¿Serías feliz?

Soy consciente de que hay decisiones que no podemos delegar en ellos, pero sí que tenemos la posibilidad de dejarle escoger entre un abanico de opciones. Puede decidir qué fruta quiere tomar a media mañana; qué camiseta ponerse; de qué sabor quiere el yogur, o incluso qué quiere cenar los viernes, o a dónde ir el domingo por la tarde entre varias posibilidades, por ejemplo.

4. Poseen buenos hábitos

Quizás parezca muy obvio, pero no está de más recalcar que inculcar hábitos saludables en nuestros pequeños, los hace más felices. Siempre con cierta flexibilidad, pero las rutinas como mantener unos horarios de comida, higiene y sueño, hará que los pequeños se sientan seguros en su entorno, rindan mejor en la escuela y sean más felices. Por supuesto, repito que los horarios pueden ser flexibles, y más los fines de semana, o en vacaciones. Pero dormir las horas necesarias, llevar una buena alimentación e incluir el deporte y la lectura en su rutina, sólo tiene ventajas.

5. Desarrollan sus talentos

El hecho de cultivar una destreza, es una fuente de bienestar, para pequeños y grandes. Practicar algo que nos es placentero y para lo que tenemos una habilidad natural, es un regalo para nuestro cuerpo, mente y espíritu. Además, los niños descubrirán valores como la persistencia y la constancia: Sentirá la satisfacción de llegar a lograr lo que se propone. Y, por si esto fuera poco, también obtendrá el reconocimiento de los demás por su logro. Algo que, en su justa medida, también es positivo para lograr su felicidad.

6. Son agradecidos y solidarios

Valorar lo que tenemos nos hace más felices. Ya hablé en este artículo del fantástico hábito de cubrir cada noche “El diario de la gratitud“. Y, por supuesto, ayudar a los demás, también. Aquí tienes un artículo que te muestra 5 formas de inculcar el valor de la solidaridad en los más pequeños. Las personas que se interesan por contribuir al bienestar en su alrededor tienden a sentirse mejor que los que no lo hacen. Los especialistas sugieren que fomentar la caridad y ayudar a los demás es una parte importante de la vida familiar y los niños pueden beneficiarse mucho de ello.

7. Se sienten queridos y escuchados

Cuando los niños saben que sus padres les quieren y les apoyan sin importar nada, son más propensos a tomar riesgos saludables. Son confiados y están seguros de sus decisiones. Aprenden que las personas a veces cometemos errores, pero que la mayor parte de las veces se puede hacer algo para arreglarlos, y que el 100% de las veces que nos equivocamos, aprendemos algo. Cuando los niños saben que sus padres siempre estarán ahí para ellos, para bien o para mal, son felices.

8. Expresan sus emociones

Los niños gritan cuando están enfadados. Lloran cuando están tristes. Patalean y dan manotazos cuando están frustrados. Y lo hacen, simplemente, porque son niños y no tienen una forma más “civilizada” de gestionar lo que les pasa por dentro y necesitan expresar sus emociones. Mientras que los adultos podemos llamar a un amigo para desahogarnos cuando tenemos un día complicado, los niños tienen herramientas un poco más primitivas. Hacerles callar y avergonzarles no ayuda. Si tu niño tiene un berrinche, permítele que se desahogue a su manera y luego ofrécele ayuda. Hazle saber que a veces es normal sentirse triste o incluso desdichado. Es, sencillamente, parte de la vida. Déjale experimentar sus sentimientos, incluyendo la frustración, la ira o la tristeza.

En cuanto empiece a hablar, ya puede expresar con palabras sus emociones. Ayúdale a adquirir la capacidad de reconocer y regular sus emociones. Puedes mostrarle fotos de rostros que muestren diferentes estados de ánimo y preguntarle cuál de esos sentimientos es igual al que él está sintiendo. Los niños pequeños comprenden muy rápidamente las palabras que tienen que ver con su estado emocional, como “contento” o “enfadado”. O también podéis crear juntos un grupo de caretas que muestren las emociones básicas: Alegría, tristeza, ira, asco, sorpresa y miedo. Después, poco a poco, este número de rostros se puede ir ampliando con más emociones.

Vía Maestra de Corazón
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